sábado, 27 de junio de 2020

CUENTO: "LA PIEDRA DEL DIABLO"

LA  PIEDRA DEL DIABLO
(Autor: Profesor Hipólito  G. Yánac Rivera)

En el camino que conduce a las zonas andinas, a afueras de un pueblo, al pie de un peñasco, existía una piedra grande de forma rectangular parecido a un ataúd de muerto, en donde se podía notar una mancha roja, que tenía la apariencia de la figura de una persona con cuernos, orejas largas y patas de cabra, al que le atribuían que era la figura del diablo y por tanto, era considerado como morada (refugio, mansión) del diablo.
El caso era que, en ese lugar se producían ciertos encantamientos a los caminantes que transitaban por aquel camino, aprovechando la soledad del lugar o en horas de la noche. El encanto consistía en que, al caminante mujeriego, enamorador se le aparecía una mujer hermosa de cabellos rubios, quien trataba de seducirle con caricias y besos apasionados (ardientes, ardorosos, vehementes), despertando en el caminante su amor por la bella dama. Éste, segado por su instinto enamorador y mujeriego llegaba a ilusionarse y pretender como amante de la hermosa mujer.
Por su parte, la bella dama le ofrecía al caminante un tesoro escondido en el que contenía mucho oro; pero, para entregarle tenía que acompañarle a un lugar cerca del camino, momento en que, se abría un camino con hermosas rosas blancas, pero que, con engaños los lleva a las personas encantadas sin que se diera cuenta a un precipicio inaccesible para entrar y salir de ella. Pero, el caminante luego de quedar alucinado, al volver en sí, y, al verse en un precipicio llegaba a trastornarse de desesperación y susto o de lo contrario aparecía muerto.
En otras ocasiones, en el mismo lugar donde se encuentra la piedra del diablo, a las personas que eran encantadas se les abría una puerta que le conducía a un lugar desconocido y muy hermoso. La persona encantada ilusionado y llevado por su codicia y ambición entraba sin medir las consecuencias que pudiera sucederle, es así que, cuando se daba cuenta la puerta se cerraba  desapareciendo la persona para siempre.
También en ese mismo lugar si la persona pasaba en horas de la noche o de madrugada, el camino real se le desaparecía y al tratar de proseguir con su viaje se le habría un camino que le conducía a otro lugar desconocido muy florido, entrando en aprietos la persona encantada; pero, al percatarse y volver en sí la persona aparecía  en un precipicio inaccesible. O en otras ocasiones, aparecían muertas con rasgos de haber sido succionado toda su sangre, encontrándose unos pequeños agujeros alrededor del cuello.
En otros casos, al pasar por el lugar de la “piedra del diablo”, al producirse el encantamiento, el camino se cubría de rosas blancas deteniendo al caminante y quien al tocarlos se daba cuenta que eran espinas y no rosas, por lo que, algunas personas débiles de carácter quedaban trastornadas arrojando espuma por la boca.

En la misma senda o trayecto de ese mismo camino, más o menos a unos 100 metros de distancia de la “piedra del diablo”, existía un manantial de agua, cuyas aguas eran de sabor muy deliciosas, provocando al caminante a mitigar su sed. El caminante generalmente tenía que agacharse y tomar a sorbos el agua; pero, al levantarse se encontraba con la sorpresa que, todo su alrededor y el camino se encontraba cubierto de hermosas rosas blancas que, al tocarlas todas eran espinas; viendo interrumpido de esta manera su viaje y trastornándose por fuerzas diabólicas.

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viernes, 26 de junio de 2020

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CUIENTO: ENCANTO EN UN PANTANO O LODAZAL

ENCANTO EN UN PANTANO O LODAZAL
(Autor: Profesor Hipólito G. Yánac Rivera)


Era una vez, época de una fiesta costumbrista en un pueblo de la serranía. Daniel, un padre de familia, luego de haber espectado la fiesta costumbrista de su pueblo, decidió viajar a su “estancia” (un lugar o paraje en la puna donde tenía su choza). Daniel, salió del pueblo cabalgado de su yegua “Chimba”, aproximadamente siendo las seis  y media de la tarde, con dirección a su estancia donde tenía una manada de ovejas que estaba al cuidado de su familia.
Para llegar al lugar de su destino, tenía que recorrer un camino largo y abrupto, cruzar diferentes parajes, así como debía cruzar diferentes  riachuelos y ríos. El viaje se le hacía ameno e iba tarareando la música que había escuchado, recordando los pasajes y las mudanzas realizados por los bailarines o danzantes de la fiesta.
La yegua “Chimba” era conocedora del camino, un animal muy noble y hábil, además tenía la habilidad de detectar cualquier elemento extraño o la presencia de algún animal en su camino. Daniel, confiado en su yegua “Chimba”, conforme iba anocheciéndose empezó a cantar y silbar para alegrar la soledad de la noche y lo inhóspito del camino, acompañado de la fulgurante (brillante, resplandeciente, luminoso, radiante, esplendoroso) luna llena que iluminaba toda la pradera como si fuera de día.
            Daniel, casi cerca de su destino, tenía que cruzar un riachuelo que se encontraba en una hoyada larga para luego empezar a subir una pequeña cuesta. Y cuando estaban casi por culminar la cuesta, de pronto la yegua “Chimba” se puso nerviosa, haciendo que sus orejas empezaran a oscilar hacia adelante y atrás y produciendo un ronquido  con sus fosas nasales, plantándose y golpeando el suelo con el casco de su pata delantera; por lo que, Daniel trató de hablarle a su yegua:
- ¿Qué te pasa Chimba?, ¿Qué has visto?, pero, la yegua seguía golpeando el suelo con el casco de su pata delantera y produciendo ronquidos con sus fosas nasales; por lo que, Daniel decidió apearse y jalando a “Chimba” con las riendas logró culminar la subida.
Daniel, ya en la cima se paró para descansar para luego proseguir con su viaje, y al divisar toda la planicie con el resplandor de la luna llena, y al fijar su mirada hacia los pantanos o lodazal lleno de totorales que estaba al costado del camino, se percató que aproximadamente ocho cerdos (chanchos) enormes de color rojizo se encontraban comiendo, que, al sentir la presencia de Daniel como de su yegua “Chimba”, inmediatamente se introdujeron en el pantano gruñendo con el rabo levantado y expulsando espuma por la boca, haciendo que el totoral crujiera con un sonido estruendoso: ¡Crash…Crash…Crash!, oscilándose de una lado a otro y abriéndose como una gran avenida, haciendo que Daniel se quedara estupefacto, confundido no sabiendo por dónde ir, ya que, el camino se le había desaparecido; quien sólo atinó cabalgarse de “chimba” y galopar.
Como la Yegua “Chimba” era conocedora de la ruta y del camino el animal le condujo hasta llegar a su estancia que estaba muy cerca del lugar del encanto, llegando a su choza arrojando espuma por la boca por el susto que le había ocasionado los enormes cerdos.
Los familiares de Daniel al notar su presencia a altas horas de la noche, se levantaron de lo que estaban durmiendo y pudieron notar que estaba mal y estaba arrojando espuma por la boca.
Entonces, María su esposa, le preguntó:
- ¿Qué te ha pasado, por qué estas así?
Daniel, con voz entrecortada pudo relatar todo lo sucedido con lujo de detalles.
María, le dijo: - Gracias a Dios no te han atacado, pudieron haberte matado.
En verdad, el caso hubiera sido fatal, si Daniel hubiera sido sorprendido primero por los cerdos; éstos los hubiera atacado introduciéndole dentro de los totorales desapareciéndole para siempre o de lo contrario le hubieran chupado la sangre abandonando su cuerpo sin dejar huellas de haber sido maltratado, lo que demostraría que su sangre habría sido succionado por seres mágicos o endemoniados.
Lo curioso del caso es que, en el lugar nadie  criaba cerdos, por lo que, era extraño la presencia de estos animales; pero, Daniel indagando llegó a comprobar por las referencias de los vecinos que, en ese lugar se producían diferentes tipos de encantamientos y que existían seres endemoniados que atacaban a las personas débiles de carácter que pasaban por allí.


FIN

LECTURA REFLEXIVBA: DUELE AMAR A ALGUIEN Y NO SER CORRESPONDIDO


DUELE AMAR A ALGUIEN Y NO SER CORRESPONDIDO
(Lectura Reflexiva: Compilación por Hipólito Yánac Rivera)

              Es cierto que no sabemos lo que tenemos hasta Duele amar a alguien y no ser correspondido. Pero lo que es más doloroso es amar a alguien y nunca encontrar el valor para decirle a esa persona lo que sientes.
              Tal vez Dios quiere que nosotros conozcamos a unas cuantas personas equivocadas antes de conocer a la persona correcta, para que al fin cuando lo conozcamos, sepamos ser agradecidos por ese maravilloso regalo.
          Una de las cosas más tristes de la vida es cuando conoces a alguien que significa todo y sólo para darte cuenta que al final no era para ti y lo tienes que dejar ir.
              Cuando la puerta de la felicidad se cierra, otra puerta se abre, pero algunas veces miramos tanto tiempo a aquella puerta que se cerró, que no vemos la que se ha abierto frente a nosotros.
              Es cierto que no sabemos lo que tenemos hasta que lo perdemos, pero también es cierto que no sabemos lo que nos hemos estado perdiendo hasta que lo encontramos.
              Darle a alguien todo tu amor es seguro de que te amarán de regreso, pero no esperes que te amen de regreso; solo espera que el amor crezca con el corazón de la otra persona, pero si no crece sé feliz porque creció en el tuyo.


              Hay cosas que te encantaría oír que nunca escucharás de la persona que le gustaría que te las dijera, pero no seas tan sorda(o) para no oírlas de aquél que las dice desde su corazón.
              Nunca digas adiós si todavía quieres tratar.
              Nunca te des por vencida(o) si sientes que puedes seguir luchando.
              Nunca le digas a una persona que ya no le amas si no puedes dejarla ir.
              El amor llega a aquel que espera, aunque lo hayan decepcionado.
              A aquél que aún cree, aunque haya sido traicionado.
              A aquél que todavía necesite amar, aunque antes haya sido lastimado.
              Y a aquél que tiene el coraje y la fe para construir la confianza de nuevo.
              El principio del amor es dejar que aquellos que conocemos sean ellos mismos.
              Y no tratarlos de voltear con nuestra propia imagen, porque entonces sólo amaremos el reflejo de nosotros mismos en ellos.
              No vayas por el exterior, éste te puede engañar.
              No vayas por las riquezas, porque aun eso se pierde.
              Ve por alguien que te haga sonreír, porque toma tan sólo una sonrisa para hacer que un día oscuro brille.
              Espero que encuentres a aquella persona que te haga sonreír. Hay momentos en los que extrañas a una persona tanto que quieres sacarla de tus sueños y abrazarlos con todas tus fuerzas.


jueves, 25 de junio de 2020

CUENTO: TOMÁS EL DIABLO

TOMÁS EL DIABLO
(Autor: Profesor Hipólito G. Yánac Rivera)

Tomás era un hombre aproximadamente de unos cuarenta años. Tenía la cara desfigurada por la huta (enfermedad producida por la picadura de un insecto, el que se infectaba y a consecuencia de ello se iba destruyendo la dermis y epidermis de la piel, localizándose generalmente en la cara, la nariz, la oreja), motivo por el cual a Tomás le llamaban el “diablo” porque tenían el rostro totalmente desfigurado, dando la impresión que era un diablo.
Nadie sabía cual era la procedencia de Tomás; algunos se preguntaban:
- ¿De dónde habrá venido este pobre hombre?
 Otros decían: - Ha aparecido de un momento a otro.
Don Ruperto que era un poblador experimentado, aclaró:
- Desde que ha aparecido este hombre se ha asentado de Carhuán, una quebrada totalmente inhóspita, vive en una cueva sin provisiones, y de vez en cuando aparece en la población haciendo derroche de dinero y embriagándose hasta quedar inconsciente y estar tirado en las calles del pueblo. Luego de su derroche en la población desaparece en forma inesperada, retornando a su refugio. Lo insólito del caso es que, en su asentamiento hace proezas sorprendentes que cualquier humano no podría hacerlo.
Agregó don Ruperto:
- Todos le tienen miedo, es por eso que, nadie le conversa, más por el contrario se burlaban de él llamándole ¡Tomás el Diablo!
Don Ruperto, hizo reminiscencia de las proezas que hacía y dijo:
- Construye irrigaciones desviando el agua del río para llevar a pequeñas parcelas de tierra firme para cultivarlos, con herramienta rústicas y por lugares inaccesibles, moviendo rocas inmensas a fuerza bruta sin ayuda de nadie.
Asimismo, don Ruperto, hizo un recuento como era ese paraje, y decía: - sólo existía un camino muy antiguo que era de los gentiles (personajes de tiempos inmemoriales que según dicen procedían del demonio o el diablo).
A todo esto, don Fulgencio, otro poblador de mucha experiencia, aclaró:
-     Tomás, cuando alguna persona ocasionalmente intenta pasar por esa quebrada, ¡Tomás el Diablo! aparece sentado sobre una roca en lo alto del cerro, y conforme el visitante prosigue su camino ¡Tomás el Diablo! aparece por arte de magia sentado en otra parte del cerro.
Frente a este relato de don Ruperto y don Fulgencio, las personas que les escuchaba decían:
- Verdaderamente Tomás es un Diablo; y los más pequeños al escuchar todo este relato se aferraban de la falda de sus mamás, balbuceando: ¡ay!, ¡qué miedo!, no quiero verlo a ¡Tomás el Diablo!
El secreto de ¡Tomás el Diablo!, era que tenía unos pasadizos subterráneos que se intercomunicaban de un lugar a otro,  y él se deslizaba como si fuera una vizcacha.
Por su parte, ¡Tomás el Diablo!, se jactaba de tener poderes de adivino, quien con lujo de detalles explicaba en la plaza del pueblo cuando hacía sus apariciones repentinas. ¡Tomás el Diablo!, se ubicaba en la parte central de la plaza de armas del pueblo, y en un acto ceremonioso anunciaba a la gente:
-     ¡Señores y señoras!, lo que les voy a decir  son hechos o acontecimientos que van a suceder y que ustedes podrán ver, observar, tales como:
-      En este año, en los meses de invierno habrá lluvias torrenciales produciendo huaycos, inundaciones; los cultivos serán arrasados por lodo y piedras. A consecuencia de estos desastres mucha gente padecerá de hambre y necesidad.
En verdad, tal como había anunciado ¡Tomás el Diablo!, en los meses de invierno se producían desastres con consecuencias fatales para los nativos, perdían sus cultivos, sus animales, sus viviendas; la gente se quedaba al desamparo.
En otra ocasión, en sus  peroratas decía:
 - En mis sueños me han revelado que habrá epidemias  que arrasarán con todas las poblaciones y habrá muchas muertes; también habrá tempestades, temblores, eclipses.
Después de transcurrido un determinado tiempo, efectivamente se cumplía sus pronósticos tal cual había anunciado.
“Tomás el Diablo” poco a poco fue asentándose en el lugar convirtiendo el pequeño valle en un lugar próspero, ya que, debido al clima cálido de dicha zona, en los terrenos que había dotado de agua, sembraba camote, yuca, ají, árboles frutales como: mangos, plátanos, paltos, manzanos; cuya producción era fabuloso,  fuera de lo normal, convirtiéndose en un fruti cultor exitoso. Semanalmente bajaba cajones sobre cajones de estas frutas a la carretera para ser embarcados hacia la costa para su comercialización. Es así que, “Tomás el Diablo” con su esfuerzo, tenacidad y constancia hizo que mejorara su condición económica acumulando una gran fortuna.
En vista de haberse convertido en un próspero negociante, empezó a contratar peones para producir en mayor escala y cada vez mejor; para sacar sus productos mandó construir su carretera propia, en vista que el pequeño valle  estaba muy cerca de la carretera troncal que pasaba por la zona. Compró un camión para transportar todo sus productos directamente al mercado mayorista con chofer propio, por tanto, ya no tenía que estar bajando los cajones de fruta a fuerza bruta. Asimismo, mandó instalar energía eléctrica de la central hidroeléctrica que funcionaba a un kilómetro del lugar; por otra parte, hizo construir un chalet para su vivienda y uso propio, y para sus peones mandó construir pequeñas viviendas a un extremo de su pequeño fundo, instalando todos los servicios básicos que toda población necesita, convirtiéndose en un valle prodigioso y bello.
“Tomás el Diablo”, siempre mantenía su intimidad de manera reservada, teniendo como compañía a su perrita llamada “Chelita”, a la que le vestía como si fuera una dama y le tenía todas las consideraciones del caso. La perrita por su parte le obedecía todo lo que le decía “Tomás el Diablo”; así cuando le decía:
-       Chelita ¡siéntate!, la perrita se sentaba,
-       ¡baila! y bailaba,
-       ¡camina en dos patitas!, caminaba en dos patas;
También, le obedecía otros mandatos u órdenes que le daba su dueño:
- ¡Chelita!, tráeme mis zapatos. Ella, obediente le llevaba sus zapatos.
Cuando le decía:
- :¡Mira quién viene!, la perrita salía corriendo y se subía a un pequeño morro y divisaba.
- Si la persona era mujer decía: ¡guau… guau! , ¡guau … guau! Si la persona era varón decía: ¡Guau … guauuuuuuuuuuu!; entonces ¡Tomás el Diablo! ya sabía que la persona que se aproximaba era mujer o era varón. Es decir, cumplía los mandatos como si fuera una hija. Al ver todo esta transformación, la gente creía que Tomás era un verdadero diablo.


FIN

REVOLUCIÓN DE TUPAC AMARU 4 DE NOVIEMBRE 1780